Donkey Kong Bananza: El Explosivo Regreso de DK al 3D

Donkey Kong vuelve al 3D con un juego salvaje, lleno de acción, destrucción y desafíos en su nueva aventura para Nintendo Switch 2.



Donkey Kong es una de las franquicias insignia de Nintendo casi desde los comienzos de la empresa japonesa en los videojuegos y el primer gran éxito que consiguió la Gran N en Estados Unidos. Algo que además catapultó a la empresa nipona a la fama a nivel mundial a comienzo de los años 80.


La historia detrás del simio más famoso de los videojuegos es extensa, complicada y fascinante. Creado por Shigeru Miyamoto y más tarde llevado a las plataformas de desplazamiento lateral por Rare con su serie Donkey Kong: Country, Donkey Kong cosechó grandes éxitos en cada una de las plataformas de sobremesa y portátiles donde se lanzó, pero sólo una vez visitó las 3 Dimensiones cuando se lanzó Donkey Kong 64 para la mítica Nintendo 64 (leer cómo Nintendo Sixty Fouuuuuuuuur). 




Ahora, gracias a su nuevo juego, DK  hizo su regreso triunfal al 3D tras estar alejado por más de dos décadas. Donkey Kong Bananza es por el momento el buque insignia de la nueva Nintendo Switch 2 y gracias a la gente de Nintendo Latam lo estuvimos jugando para contarles todo lo que necesitan saber sobre este título tan particular. 


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Este nuevo juego estuvo a cargo del mismo equipo que se encargó de desarrollar Super Mario Odyssey, uno de los juegos más gratificantes y divertidos que tuve el placer de jugar y uno de los mejores de la plataforma. El desarrollo comenzó prácticamente después de finalizar la última aventura del fontanero/trotamundos número uno de Nintendo, y su ADN se puede ver impregnado inequívocamente en cada rincón de Donkey Kong Bananza



Algunos arreglos musicales, la forma de buscar los cristales de Banandio, las ropas y los minijuegos, son un testimonio fuerte de que Bananza heredó un legado del título de 2017 para Nintendo Switch. Pero a su vez, Donkey Kong Bananza es completamente nuevo, fresco y salvaje. Un juego completamente distinto a cualquier cosa que pudiéramos haber esperado. 


Uno de los aspectos principales que destacan a Donkey Kong Bananza por sobre el resto es la capacidad de destruir absolutamente todo el entorno (o casi todo). De esto no hay dudas.  Esta nueva mecánica representa el alma y el núcleo de Bananza y nos permite movernos por cada mundo con una violencia salvaje digna del gorila, mientras destruimos y trepamos todos los obstáculos que encontramos a nuestro paso. Pero esto no es todo, aunque déjenme que lo retome más adelante cuando hablemos del gameplay.


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Para serles muy honesto, esto fue algo que durante el primer tráiler de Donkey Kong Bananza me preocupó bastante. La idea de “romper el juego” para conseguir el objetivo en lugar de plataformear nuestro camino a la cima me parecó antinatural ¿Cuál es la gracia, no? Bueno, en el caso de Donkey Kong Bananza es precisamente funciona a la perfección y es lo que lo hace tan divertido y adictivo, y no menos desafiante.  


El juego nos lleva a encontrar nuestro camino al romper túnel tras túnel para encontrar pepitas de oro, cofres y fósiles o los preciados cristales de Banandio. Los plátanos gigantes de Donkey Kong Bananza que funcionan de forma similar a las lunas de Super Mario Odyssey. A diferencia del plataformeo clásico de Super Mario, el jugador arma sus propias plataformas, teniendo incluso que tener mucho cuidado de quedar en una posición donde alcanzar el objetivo no sea imposible (aunque en la mayoría de los casos con romper todo estamos bien).



¿Pero de qué va Donkey Kong Bananza? La historia esta vez tiene más protagonismo que en Super Mario Odyssey donde sólo teníamos que detener una boda y a los poco carismáticos “Wedding Planners” de Bowser. En esta ocasión, la misteriosa The Void Company secuestró a Pauline, la convirtió en un ser de cristal y quieren llegar al centro del planeta para hacerse con un misterioso poder. 


El juego comienza en Ingot Isle, cuando DK y compañía están extrayendo pepitas de oro y los misteriosos cristales con forma de plátano. Por fuera se está gestando una tormenta que parece tomar velocidad a cada paso que damos, y que tras un breve tutorial lo engulle todo. Los villanos de turno, necesitan el Banandio para impulsar su máquina perforadora, y tratando de rescatar los plátanos robados empieza nuestro viaje.  


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En nuestro camino rescatamos a la jóven Pauline (¡sí! La de Donkey Kong y Super Mario Odyssey) que fue convertida en piedra por The Void Company. Dado que Pauline puede, entre otras cosas, activar los poderes de Bananza ocultos en DK ambos tienen que trabajar juntos para llegar al centro del planeta. ¿El objetivo final? Recuperar todos los plátanos de DK y regresar a Pauline a casa mediante un deseo que es otorgado a quienes alcancen el núcleo. 


Aunque Donkey Kong Bananza es un juego más complejo en muchos aspectos que Super Mario Odyssey, esta especie de Sucesor Espiritual comparte muchas similitudes con el exitoso juego de Nintendo Switch. El título no solo mama conceptos de Odyssey sino que también los expande y profundiza, cómo el uso de distintas ropas para nuestros personajes que en esta ocasión ganan mucha más relevancia al ofrecernos beneficios por usarlos. 





Además, DK ahora cuenta con un árbol de mejoras que van desde aumentar su salud a otorgarle nuevos movimientos, o incluso mejorar sus habilidades. Por otro lado, la ropa que le compramos tanto a DK cómo a Pauline dejó de ser un mero decorativo para ofrecer a los personajes mejoras de movilidad o de resistencia al entorno, al igual que tintura para cambiar el aspecto de Donkey Kong


Esto representa una mejora significativa respecto al título anterior del estudio y que hubiera sido muy valorado en Super Mario Odyssey. Los trajes que tanto nos cuesta conseguir no se limitan a dejarnos entrar a lugares en particular y nada más, sino que sirven para cada estrato que penetramos. Esto hace que en este aspecto Donkey Kong se sienta más profundo. 


Por otro lado, el oro es algo muy común en Donkey Kong Bananza y lo podemos extraer a patadas del suelo, pero para no romper el juego no lo usamos directamente cómo  moneda de cambio. Podemos usar las pepitas de oro para construir refugios, barriles o comprar objetos pero no así para las ropas o los plátanos especiales. 


Para el resto de los objetos de cambio tenemos que desembolsar fósiles de diferentes categorías, algunos de los cuales son extremadamente raros en aparecer. En el caso de los plátanos incluso usamos los chips clásicos de la serie. De esta manera, las pepitas de oro funcionan cómo las monedas de oro de Super Mario Odyssey y los fósiles cómo las monedas especiales de cada nivel.




En Donkey Kong Bananza el progreso se mide mientras nos adentramos en las capas del planeta y visitamos reinos localizados en los distintos estratos. Desde un bosque frondoso a una mina llena de lava pasando por una playa en las profundidades del planeta, Cada uno de estos reinos representa un mapa multinivel (donde por alguna razón brilla el sol) que se vio afectado por el paso del presidente de The Void Company


Este es otro de los puntos donde se notan diferencias con Super Mario Odyssey, y en este caso de forma no tan positiva. Uno de los grandes atractivos de la aventura de Mario era cómo cambiaba el mundo una vez que solucionábamos el problema de turno, en Bananza se siente un tanto diferente. 


Sí, cuando destapamos las cañerías el nivel del agua comienza a subir nuevamente en la laguna, o cuando eliminamos las plantas que bombean veneno al agua baja el nivel revelando diferentes pisos con nuevos secretos. Pero eliminar la planta que produce el veneno no devuelve al reino las aguas del pantano que lo habitaron. Hay cambios pero de alguna manera se sienten diferentes. Eso sí, mientras escribo estas líneas creo que caigo en el problema de la comparación y las expectativas…Algo que nunca es bueno. 


De lo que no hay duda es que el centro de la jugabilidad es la destrucción, y para eso Donkey Kong tiene varias herramientas a su disposición. Aunque lo más básico es golpear adelante, arriba o abajo, DK tiene también habilidades cómo el giro con salto, surfear sobre materiales y las nuevas habilidades de Bananza. Estas transformaciones que le dan nombre al juego se aprenden gracias al "Venerable" de cada reino y le permiten al jugador contar temporalmente con habilidades para sortear obstáculos únicos para estas habilidades. 





Mientras que la Bananza de gorila nos permite destruir materiales mucho más resistentes, la de la cebra nos permite correr a toda velocidad (incluso sobre el agua), pero no son las únicas que Donkey Kong Bananza tiene para nosotros. Además, el juego nos invita a volver para atrás en el juego porque quizás haya alguna Bananza nueva que nos pueda servir para recoger plátanos que dejamos en el camino. Esto se combina con las diferentes habilidades y con las ropas que nos otorgan ventajas extra para dar cómo resultado una jugabilidad profunda y variable. 


Antes dije que en el juego se nota impregnado el ADN de Odyssey, y uno de los puntos donde esta sensación es más fuerte es en los desafíos. zonas dentro del mapa que nos transportan a otro lugar para eliminar enemigos con el tiempo muy justo, o desafíos de plataformas en los que encontrar 3 plátanos ocultos. Algo que curiosamente se siente muy similar en este título y el de Mario, pero que también se hizo presente en Breath of the Wild y Tears of the Kingdom durante la pasada generación. 


Nintendo está jugando fuerte con este tipo de desafíos en un estilo muy similar. Así, aunque la destrucción sigue presente, los time trials, los cristales ocultos y los enemigos a derrotar encausan un poco más la locura y la destrucción que desatamos en cada mapa. ¿A qué me refiero con esto? Nos obligan a usar las habilidades en una forma más precisa, pensada y para resolver el puzle y conseguir los objetivos. 


En líneas generales Donkey Kong Bananza es un título excelente, muy divertido y una bocanada de aire fresco a una industria inundada de juegos similares. Sí bien el título tiene similitudes con Odyssey cómo ya repetí hasta el hartazgo, ofrece algo limpio entretenido y diferente. No es el primer juego en trabajar con la destrucción del terreno ni va a ser el único, pero la forma en que todas las piezas de Donkey Kong Bananza se unen para dar el resultado final lo hacen jugar en su propia liga





Dicho esto, no todo mi análisis es positivo y hay puntos que no terminan de cerrarme del todo, pero lo que me resulta más molesto es la cámara. Paradójicamente este es un problema asociado a la destrucción continua. Cavar donde la cámara no puede seguirnos hacer que resulte confuso y cuando la cámara penetra dentro del terreno para dejarnos ver que hacemos se vuelve sencillamente desprolijo y feo. Esto ocurre con bastante frecuencia pero no puedo decir que haga a Donkey Kong Bananza menos divertido.


Para finalizar con la reseña querido dedicarle unas palabras al apartado gráfico y al rendimiento. Sin dudarlo un segundo Donkey kong Bananza es el título que la consola necesitaba para venderse. Mario Kart World es divertido pero con un mundo abierto limitado que pasado el impacto inicial, puede no ser suficiente para comprar una consola.


Pero Bananza por otro lado es precioso, es colorido y es vibrante. Es un título lleno de vida por donde se mire que se siente adolescente e irreverente. Un despliegue de locura absoluta. No hay un rincón del juego que nos esté lleno de detalles gráficos o sonoros (incluídas referencias a otros títulos de la franquicia). DK mismo es un testimonio del cuidado y el mimo al detalle con muchas expresiones nuevas y con un cambio en su diseño general que lo revitaliza por completo. 


Por otro lado la destrucción continua y gratuíta aunque espectacular no viene gratis y para ser el primer juego de la nueva consola presenta caídas de frames cuando la pantalla se puebla por completo de objetos. No es una crítica que impacte demasiado fuerte en el juego o la consola, ya que seamos sinceros las otras consolas más potentes sufren de caídas de frames en algunos juegos, pero cómo carta de presentación de Nintendo Switch 2 es imposible no notarlo inmediatamente.  





Donkey Kong Bananza se puso a la venta en exclusiva para la Nintendo Switch 2 el pasado 17 de julio de 2025 y se puede conseguir en la store argentina de Nintendo por $81.499


Conclusión


Donkey Kong Bananza es un juego salvaje, violento y digno del gorila más famoso de los videojuegos. Es un título en el que el ADN de Odyssey se siente impregnado a lo largo de su historia pero que aporta sus propios condimentos para hacerlo único. El gran nivel de destrucción con el que hacer nuestro propio camino de plataformas, las ropas con ventajas al entorno y el árbol de habilidades aportan un gameplay más profundo. Por sobre eso, las habilidades de Balanza terminan por hacerlo brillar. Un juego recomendadísimo y una excusa para querer la última consola de Nintendo a pesar de algunas pequeñas manchitas. 

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