Orbitals Muestra Su Nuevo Gameplay y Apuesta Al Cooperativo en Nintendo Switch 2

El nuevo título cooperativo inspirado en el anime retro llega en exclusiva para Nintendo Switch 2, con juego local enfocado en  colaborar.

Routine: Trabajar En La Luna, Una Verdadera Pesadilla

Routine, un survival horror retrofuturista que apuesta por la tensión constante gracias a su atmósfera opresiva en una estación lunar. ¡Conocélo!



Creo que después de tantos años podemos decir que convertirse en ingeniero espacial es una mala idea: en algún momento algo termina saliendo mal. Routine está desarrollado por el estudio Lunar Software y llega tras 10 años de desarrollo publicada por Raw Fury, gracias a quienes pudimos jugar esta aventura de terror ambientada en una estación lunar desolada. Si me siguen a lo largo de estas líneas, les voy a contar mis impresiones de Routine, sus puntos más altos y más bajos, pero por sobre todo… si valió la pena la espera.

Empecemos por el principio. ¿Qué es Routine? Se trata de un juego de terror y ciencia ficción inspirado en la visión que se tenía del futuro en los años 80. Este videojuego, de ambientación y estética retro futurista, nos lleva a Union Plaza, una instalación lunar abandonada donde un misterio ocurrido en la superficie de la Luna causó estragos que impactaron en los sistemas de seguridad. Lo único que nos espera en sus pasillos es desolación, muerte y tecnología de punta… de hace varias décadas.


Uno de los puntos que salta a la vista rápidamente es que Routine recuerda a juegos como Alien: Isolation o SOMA y, si nos ponemos muy quisquillosos, quizás un poco a Dead Space. En este caso no vamos a ser acechados por criaturas espaciales, sino por robots de seguridad que deambulan por Union Plaza. Es uno de esos títulos donde el terror surge de la tensión constante al ser perseguidos que de criaturas grotescas, jump scares o gore explícito.

El juego nos obliga a explorar una ciudad espacial que, en un comienzo, parece una pequeña estación lunar, pero pronto se revela como un complejo enorme con alas interconectadas por pasarelas, ascensores y tranvías. Acá es donde la desesperación se apodera del jugador: robots homicidas nos persiguen y apenas podemos defendernos durante unos segundos mientras intentamos orientarnos e interactuar con los controles de las puertas.

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Routine carece completamente de un HUD que oriente al jugador y la mayor parte de la información se recibe a través de computadoras o proyecciones a las que nos podemos conectar de forma remota con nuestro C.A.T., una herramienta multiuso que vamos modificando a lo largo del juego mediante módulos que le añadimos para ampliar sus funciones.

Como buen Survival Horror, Routine es un título donde la administración de recursos —en forma de baterías de litio—, la exploración y la resolución de tareas priman por sobre otros aspectos. En cuanto a las baterías, la realidad es que encontramos una cantidad relativamente generosa, ya sea en depósitos de reciclaje repartidos por la estación o tiradas en el piso. Sin embargo, hay una limitación clave: solo podemos llevar la batería que está cargada en la herramienta y, con apenas tres disparos, se descarga por completo.



Por otro lado, las baterías obtenidas en los puntos de reciclaje solo brindan una carga parcial, mientras que las que encontramos sueltas ofrecen una carga completa. De esta manera, aunque las baterías son fáciles de conseguir, debemos administrarlas con cuidado, sobre todo porque para detener a las unidades de seguridad primero tenemos que eliminar la placa que recubre su pecho. Por lo que algunas unidades requieren dos cargas completas para ser desactivadas, si somos precisos.

Esta limitación nos obliga a usar las descargas de energía contra los robots únicamente como último recurso en algunas situaciones, ya que además necesitamos las cargas para reiniciar algunos circuitos. En pocas palabras, lo que se esconde en los pasillos de la estación lunar se mantiene como una amenaza constante, aunque en determinados sectores resulte relativamente sencillo escapar.

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La carencia de una capacidad defensiva real profundiza esa sensación de peligro y desesperación cuando escuchamos pasos metálicos acercarse en la distancia. Dicho esto, salvo en situaciones muy específicas con poco margen de maniobra, escapar de las unidades de seguridad resulta relativamente sencillo, lo que con el tiempo el factor miedo puede reducirse al acostumbrarnos a los peligros que propone el juego. Esto no es algo exclusivo de Routine, claro está: ocurre en la mayoría de los juegos de terror una vez que aprendemos a convivir con aquello que nos acecha en la oscuridad.

Lo importante es que, de esta manera, el juego mantiene un balance similar al de Alien: Isolation. No importa que tengamos una forma de defendernos: en el fondo, solo estamos ganando tiempo. Contar con una herramienta defensiva nos envalentona a explorar Union Plaza, pero su eficacia limitada nos recuerda permanentemente qué el riesgo al que nos exponemos es real. A esto se suma que, si hay más de una unidad en la misma zona, no pueden estar activas al mismo tiempo. 



De esta manera cada pasillo puede esconder una unidad inactiva que se active de repente y comience a patrullar, o nos ataque al doblar en una esquina. Es por esto que el sonido se vuelve un aspecto fundamental de la experiencia, y una herramienta extra que nos puede ayudar a salir con vida.

La jugabilidad se presenta en primera persona, y uno de los elementos más interesantes son las opciones de movimiento. No solo podemos desplazarnos hacia adelante, atrás o a los costados, sino también ponernos en puntas de pie y asomarnos por las esquinas para observar con mayor precisión. Pero no termina ahí. Algo que me llamó particularmente la atención es la posibilidad de tumbarnos completamente en el piso para buscar ítems o activar interruptores en lugares que normalmente no se exploran.

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Para ser más claro, no se trata simplemente de agacharse, sino de arrastrarse por el suelo apoyando las cuatro extremidades y pudiendo acercar el rostro al piso para alcanzar zonas que no son visibles ni siquiera en cuerpo a tierra. Desde el punto de vista de la animación (aunque claramente no vemos al personaje hacerlo) está perfectamente logrado, cada micro movimiento y las partes en nuestro campo de visión del personaje nos da a entender el movimiento ejecutado a la perfección. Desde un punto de vista jugable, esto abre nuevas posibilidades tanto para resolver situaciones como para encontrar baterías de litio ocultas, tarjetas de identificación o ítems necesarios.

Por otro lado, la interacción con dispositivos y pantallas se realiza mediante un puntero que se activa de forma contextual, algo que puede resultar desafiante al jugar con controles. Recordemos que el juego no dispone de ningún tipo de HUD y los botones de acción están relegados a nuestro protagonista. Entonces, al mirar una pantalla se activa el movimiento en el puntero para que lo movamos con el stick derecho (reseñamos Routine en Xbox Series X|S); Esto también se aplica a otros puntos de interacción, como los módulos y botones del C.A.T. los cuales tenemos que mirar para interactuar en lugar que estén asignados a botones específicos del control. 



Creo que en pocas palabras se podría comparar más con la experiencia de un juego en realidad Virtual que una primera persona más convencional. En este aspecto, Routine puede resultar bastante tosco: sobre todo que al levantar el C.A.T. dejamos de correr y nos movemos muy lentamente. Por lo que combinar las acciones nos deja más expuestos ante la persecución de un TYPE-05 y que el desplazamiento por Union Plaza se pueda convertir en un desafío constante. Personalmente, me parece que este es uno de los puntos más flojos del juego, ya que sí bien es una decisión de diseño, al no disponer de accesos rápidos para interactuar con el C.A.T. quedamos vulnerables en muchas ocasiones (y perecemos) por una cuestión sumamente circunstancial. 

Todo esto se integra con las idas y vueltas clásicas del género, donde se nos encomiendan tareas que nos obligan a recorrer grandes distancias de la instalación para encontrar códigos, objetos o llaves que nos permitan acceder a nuevas áreas mientras nos arrastramos por los pasillos oscuros del mapa. Esta estructura, sumada a su atmósfera opresiva, melancólica y solitaria —donde la iluminación y la oscuridad juegan un rol fundamental—, me mantuvo al borde del asiento en todo momento.

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La atmósfera y la forma en la que progresivamente se desarrolla la historia son los puntos más altos del título. Al comienzo despertamos en una estación lunar abandonada sin rastro alguno de otros seres vivos, algo que resulta extraño si tenemos en cuenta que Union Plaza no es solo una estación, sino una ciudad completa que incluso recibe turistas. Por eso, la ausencia de cuerpos o sangre en escenarios derruidos y destruidos resulta inquietante… al menos en un principio.

Para ir finalizando, cabe destacar que Routine cuenta con un apartado gráfico espectacular, con una estética fotorrealista y retrofuturista que profundiza la experiencia y la inmersión. Por alguna razón también me recordó en cierta manera a The Invincible, la aventura narrativa basada en el mundo de Stanislaw Lem. Salvando las distancias —ya que aquel título se inspira en la ciencia ficción de los años 50—, Routine apuesta por una visión retrofuturista anclada en la tecnología de los años 80 y 90. De hecho, por la información presente en Union Plaza, el juego se desarrolla en el año 1998.

Sin querer repetirme demasiado, la iluminación en conjunto con su (casi) fotorrealismo juegan un papel fundamental que tiñe de diversos colores los pasillos, viviendas y oficinas de Union Plaza. Y por momentos creo qué es uno de los videojuegos espaciales artísticamente más bonitos que tuve el placer de jugar. 



Routine se puso a la venta el 4 de diciembre de 2025 para PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC a través de Steam. Además, está disponible desde el día uno en Xbox Game Pass.

Conclusión

Routine es un excelente juego de terror que se apoya en una atmósfera opresiva y melancólica, construida a partir de pasillos interminables y rincones oscuros que mantienen al jugador en constante tensión. Su apartado gráfico, inspirado en la tecnología de los años 80 y 90, destaca por su nivel de detalle y coherencia estética. Es una propuesta muy recomendable para fanáticos del terror atmosférico, los Survival Horror y las aventuras espaciales.


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